CARTAS EN LA HISTORIA:
Leonardo Da Vinci


Leonardo contaba treinta años cuando, aburrido y deseoso de encontrar nuevos campos para conquistar, dejó su ciudad natal de Florencia, decadente bajo los Medici, y se dirigió a Milán que florecía bajo el gobierno de Ludovico Sforza. Fue a él a quien dirigió esta carta solicitando trabajo:


Muy ilustrísimo señor:

Habiendo visto y considerado los experimentos de todos aquellos que se dicen maestros en el arte de inventar instrumentos de guerra, y encontrando que sus invenciones no difieren de las conocidas, me animo, sin deseo de perjudicar a nadie, a solicitar a Vuestra Excelencia una entrevista en la cual le haré conocer algunos de mis secretos.

1) Puedo construir puentes muy livianos, fuertes y portátiles, con los cuales es posible perseguir y derrotar al enemigo; y otros más sólidos que resisten el fuego o el asalto y sin embargo son fáciles de colocar en el lugar adecuado; y también puedo quemar y destruir los del enemigo.

2) En caso de sitio puedo cortar el agua de las trincheras y hacer pontones y escalas, así como otras invenciones similares.

3) Si, debido a su elevación o a la fuerza de su posición no es posible bombardear un sitio determinado, puedo demoler cualquier fortaleza, siempre que sus cimientos no estén asentados sobre piedra.

4) Puedo también construir cierto cañón que es liviano y fácil de transportar, y con el cual se pueden arrojar piedrecillas como granizo y cuyo humo causa gran terror al enemigo, por lo cual no sólo sufren grandes bajas, sino que se sienten confundidos.

5) Puedo construir en cualquier lugar determinado y en el mayor silencio, pasajes subterráneos ya sean rectos o tortuosos, y si resultan necesarios, bajo las trincheras y bajo los ríos.

6) Puedo construir carros acorazados para llevar artillería, los cuales podrán irrumpir entre las filas del enemigo abriendo así paso a la infantería.

7) Si la ocasión se presenta, puedo construir cañones, morteros y artillería liviana de forma y utilidad diferente a la que se usa generalmente.

8) Cuando resulta imposible emplear cañones, puedo suplantarlos por catapultas, trabucas y otros instrumentos de eficacia admirable y poco usados. En una palabra, cuando así lo requiere la ocasión puedo proveer infinidad de medios de ataque y de defensa.

9) y si la lucha se desarrollara sobre el mar, puedo construir máquinas que pueden servir tanto para el ataque como para la defensa y buques que pueden resistir el fuego del cañón más pesado y de la pólvora u otras armas.

10) En tiempos de paz, creo poder daros tan completa satisfacción como cualquier otro en la construcción de edificios públicos o privados, y en la conducción del agua de un lado a otro. Puedo también, esculpir en mármol, bronce y yeso, y respecto a la pintura, me es posible competir con cualquiera, sea quien sea.

Además podría encargarme de la ejecución del caballo de bronce que asumirá con gloria inmortal y eterno honor la auspiciosa memoria de vuestro padre y la ilustre casa de Sforza.

Leonardo obtuvo el trabajo que deseaba y durante 16 años sirvió a Ludovico Sforza, hasta que los franceses invadieron la ciudad y capturaron a su amo. Da Vinci dejó de existir en Francia en 1519 a la edad de 67 años, prematuramente envejecido.

FLORENCIO ESCARDÓ
Piolín de Macramé


¡Oh! LOS MILITARES (1)

I

Los militares son ejecutivos de uniforme. O los ejecutivos son militares sin uniforme. O con uniforme de ejecutivos.

Un ejecutivo es un militar que lleva en el portafolio el bastón de mariscal. Uno y otro dicen mi compañía. Con una conmovedora identificación. Unos y otros piensan que pensar consiste en que otros piensen por ellos. Y cada cual piensa que el otro piensa para que él no piense. Los ejércitos son sociedades de anónimos. En los que se asciende por él método piramidal. Es decir, pasando sobre los de abajo. Por eso es tan fácil para un militar devenir ejecutivo. Y director de sociedades anónimas. La anomia es el secreto de las sociedades anónimas.

II

El gran invento de los militares es el soldado desconocido. Porque cualquiera puede hacer el papel. El soldado desconocido es el que gana y pierde las guerras. En tiempo de guerra. Y llega a gobernante en tiempo de paz. Se llama tiempo de paz a la guerrilla interior. La guerra es la materia prima de los militares. Que no existirían sin ella. Su oficio consiste en mantener el estado de guerra. Para que llegado el caso vayan los civiles. En realidad nadie quiere la guerra.

Pero de algo hay que vivir.

III

La prueba del espíritu civil de los militares está en que jamás van al teatro de uniforme. O al cine. porque para ellos él único teatro es el teatro de la guerra. En cambio, siempre lo usan para las ceremonias militares. Y en los desfiles. Se llama desfile militar a un acto en el que los que no tienen nada que hacer miran pasar a los que no hacen nada.

IV

El militar genérico es el soldado desconocido. Que puede llegar a general sin perder esa categoría. La pierde el día antes de ser presidente de la república. Y la recupera al día siguiente de haber dejado de serlo. Menos para la Caja de Jubilaciones y Pensiones. En ese ciclo el militar es generoso. Y hace surgir al civil desconocido. Se llama ciudadano desconocido a aquel cuyos méritos solo conocen los militares.

I

Los militares son técnicos multivalentes. Aptos para todo servicio. Como las domésticas. Pueden actuar lo mismo de intendentes que de embajadores. De ministro del interior o de director de hidrología. Ello los hace admirables. Y nos permite comprender el esfuerzo que hace la milicia para dar al país un homo sapiens.

II

Los militares son los últimos hombres que no se deciden a andar descubiertos. Quiere decir sin cubrecabezas. Les gusta vivir de gorra. Claro que un militar sin gorra no parecería un militar. Sino un ciudadano cualquiera. Y no hay que prestarse a confusiones. Pero sería tal vez el momento de pensar en ir dejando el uniforme. Como los clérigos la sotana. Para hacerse inconfundibles.

III

Si un civil se viste de militar comete un delito. O se prepara para raptar a alguien. Pero si un militar se viste de civil no lo comete (el delito, no el rapto). De lo que se deduce que debajo de todo militar hay un civil. Mas o menos postergado. Y no lo contrario. Y que para pasar de militar a civil hay que comenzar por desnudarse. Los militares solo se visten de ellos para ir al cuartel. O para derrocar al Presidente de la República. En los monumentos el problema es más sencillo. Los civiles están de pie. O a lo sumo sentados. Los militares siempre a caballo. Las charreteras son las monturas de los hombros.

IV

Los militares han sido muy calumniados. Y mal comprendidos. Se afirmó que daban golpes de estado contra los civiles. Por considerarlos incapaces de gobernar. Y eso no es cierto. También dan golpes de estado contra los milita­res. Por considerarlos incapaces de gobernar.

V

Lo admirable de los militares es su ductilidad. Aprenden el papel de gobernantes mientras lo representan. Como los actores filodramáticos. Que se llaman ahora teatros experimentales. Como son muchos los que quieren aprender, se van echando unos a otros. Y eso se llama pasar a retiro.

VI

Sin los militares la vida sería aburridísima. Desde el gobierno han tomado la vieja fórmula: pan y circo. Y cada uno lo suyo.

Gabriel García Márquez: LA SOLEDAD EN AMÉRICA LATINA

[Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982] (Fragmento)

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núńez Cabeza de Vaca exploró durante ocho ańos el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado...